Desde que el Ayuntamiento de El Campello, con la importante ayuda de la Diputación Provincial de Alicante y la Generalitat Valenciana, consiguió en diciembre de 2024 la repatriación desde México de los restos de Rafael Altamira y su esposa, Pilar Redondo, para ser inhumados con presencia del Rey Felipe VI en febrero de 2025 en un monumento funerario erigido en el Cementerio Municipal, los actos para poner en valor el legado de uno de los intelectuales españoles más universales se han sucedido n distintos puntos de España.
Ayer, en las instalaciones del Archivo Provincial de Alicante se inauguró una más que interesante exposición que, bajo el título “Rafael Altamira, de Alicante al mundo. El legado de un humanista”, aporta documentos inéditos aportados pro archivos provinciales y nacionales, que se han sumado al bautizado por el Ayuntamiento campellero como “Año Altamira”, de indudable éxito cultural al más alto nivel.
La exposición, organizada por la Dirección General de Cultura de la Generalitat Valenciana, fue presentada por la directora del Archivo, María del Olmo, en un acto presidido por la directora general de Cultura, Marta Alonso; el alcalde de El Campello, Juanjo Berenguer, y familiares de Altamira, entre otros, además de estudiosos de la obra de Altamira, entre los que destacaban José Ferrándiz Lozano, Francisco Moreno o Rafael Asín.
La exposición, acompañado de un catálogo que recoge buena parte de los documentos que se exhiben, ofrece un recorrido por la trayectoria personal e intelectual de Rafael Altamira, desde sus orígenes en Alicante y su formación universitaria hasta su proyección internacional como historiador, jurista, pedagogo, diplomático y defensor de la paz.
Se trata de documentos originales, fotografías, publicaciones, correspondencia, prensa histórica y recursos audiovisuales, con los que se descubre la dimensión la trayectoria y la huella del intelectual. Destaca una de las facetas más desconocidas de Altamira: su apoyo a las mujeres, para las que reclamó protagonismo oficial en los organismos culturales de la época.
Se ha conseguido con todo ello una exposición armónica, cercana y viva. Con elementos físicos como una réplica de un velador con sillas y mesa en los que los intelectuales solían mantener sus encuentros al aire libre, o una máquina de escribir de finales del XIX, en la que curiosamente se ha colocado una carta en la que Rafael Altamira le comunica a su coetáneo Francisco Figueras Pacheco que no le fue posible reunirse con él en Alicante porque estaba pasando unos días en El Campello, lugar que, según sus propias palabras, era “el lugar de sus momentos más gratos”.
La muestra dedica espacios específicos a las redes intelectuales y políticas de Altamira, su vinculación con la Institución Libre de Enseñanza, su contribución a la renovación pedagógica española, su papel en el desarrollo de la historiografía contemporánea, su compromiso con el europeísmo y la cooperación internacional, así como su labor en el Tribunal Permanente de Justicia Internacional de La Haya.
