La Diputación de València publica el diario de guerra de un valenciano que vivió el conflicto entre 1935 y 1939 trabajando en Aragón

El Museu del Tèxtil de Ontinyent acoge la presentación del nuevo volumen de la delegación provincial de Memoria Democrática que dirige Natàlia Enguix, y que llegará a 137 municipios con ‘La Memoria en las Bibliotecas’.

Teruel, 6 de abril de 1939. El valenciano Ricardo Camallonga escribe a su esposa una carta desde la distancia. En un papel con ¡Viva Franco! y ¡Viva España! en el membrete, este empleado del Banco Banesto natural de Benimarfull y residente en Benissoda se prepara para regresar a casa después de vivir la guerra en tierras aragonesas, alejado de su familia. “Amadísima esposa e hijo. Mucho celebraré que os encontréis disfrutando de la más completa salud. Yo, por ahora, sigo muy bien, a Dios gracias (…) Ayer salió un camión para Albacete y en él mandé todo el equipaje que tenía, más dos cajoncitos con cosas de comer, dulces para el niño y un poco de tabaco para el tío, pues habrá llegado a fumarse toda la hierba del huerto (…) sería curioso ver a Ricardín comiendo dulces y chuparse los dedos al meterlos en las latas de mermelada, y comer por primera vez turrón…”

La historia de Ricardo da vida a la última publicación de la delegación de Memoria Democrática de la Diputació de València, dirigida por la vicepresidenta Natàlia Enguix. “Para entender la historia es preciso descender a las necesidades, anhelos y motivaciones de la gente”, señala Enguix, que enmarca las memorias de Camallonga en la faceta didáctica y educativa por la que apuesta la Diputación en el ámbito memorialista: “este libro no es apología de un defensor convencido del bando golpista, sino materia prima para enriquecer el conocimiento científico sobre el pasado” y la demostración de que la mayor parte de las españolas y españoles “priorizaban el bienestar de sus seres queridos a las ideologías y el devenir de la guerra”.

El último volumen impulsado por la delegación provincial de Memoria fue presentado este martes en el Museu del Tèxtil de Ontinyent y llegará a los 137 municipios adheridos al programa ‘La Memoria en las Bibliotecas’ junto a otras 12 publicaciones. ‘Guerra y amor, esperanza y frustración. Memorias en la España de la Guerra Civil’ tiene el formato del cuaderno apaisado en el que Ricardo Camallonga reflejaba los avances de las tropas sublevadas sobre decenas de mapas de España. El diario de guerra incluye, además de los mapas coloreados y fechados, recortes de prensa, efemérides del Movimiento Nacional, un recordatorio de fechas de su vida privada y un detallado relato del bombardeo de Huesca.

El protagonista

Ricardo Camallonga nació en la localidad alicantina de Benimarfull en 1904 y casó con Ramona Pont, natural de Albaida, en el pueblo valenciano de Benissoda. Al año siguiente, en 1934, nació su hijo Ricardín, nombrado en muchos de los papeles glosados por su padre. Especialmente en la otra parte del libro, un epistolario con cartas, telegramas y notas que, de forma irregular, remitía a su familia cuando las circunstancias de la guerra lo permitían. A veces, cuando la comunicación terrestre entre Aragón y Valencia quedaba interrumpida a causa del conflicto, Ricardo se dirigía a los suyos a través de la Cruz Roja o de una tía de París que hacía de enlace.

La vicepresidenta Enguix explica que Camallonga “fue una persona profundamente religiosa, y fue el anticlericalismo lo que le marcó ideológicamente hasta posicionarse junto al bando franquista y su cruzada de Liberación Nacional”. La diputada de Memoria Democrática resalta “esa doble figura de padre y fascista que reflejan sus escritos, con la frialdad que utiliza para referirse a sus rivales políticos y la ternura con la que se dirige a su familia”, y concluye que la memoria “es de todos y todas, plural y democrática”.

El acto de presentación del libro, al que ha dado forma Carlos Tormo Camallonga, nieto de Ricardo, se enmarca en los actos paralelos de la exposición sobre Luis Vidal Corella en el Museu del Tèxtil. Entre los asistentes, el jefe de sección de Memoria Democrática de la Diputación, Paco Sanchis, el concejal de Cultura de Ontinyent, Alejandro Borrell, y el propio autor, Carlos Tormo.

En opinión del profesor Carlos Tormo, del departamento de Historia del Derecho de la Universitat de València, “la historiografía de la Guerra Civil española se ha construido mayoritariamente sobre la política y el papel de los ejércitos, lo que nos invita a reflexionar sobre las fuentes de conocimiento individuales, personas anónimas y sin relevancia pública que vivieron directa o indirectamente el conflicto”. En su introducción a las memorias de su abuelo, propone tener en cuenta “los diarios, correspondencia, dietarios y manifestaciones orales de estos actores secundarios que complementan el relato oficial, muchas veces desde la contradicción”. Para Tormo, es valiosa “la postmemoria de las terceras generaciones” que siguen transmitiendo las traumáticas experiencias de quienes sufrieron la guerra, con una subjetividad que enriquece.

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