Recreación del Centro del Santo Cáliz
En 2018, Presidencia de la Generalitat encargó la realización de una reproducción en bajorrelieve del retrato del rey Alfons V d’Aragó con motivo de la exposición itinerante “La memòria del Regne. 600 anys de la Generalitat Valenciana”.

Las dos nuevas obras que formarán parte del futuro Centro de Interpretación del Santo Cáliz de València son una reproducción en bajorrelieve del retrato del rey Alfons el Magnànim (1396-1458) y un azulejo de mediados del siglo XV procedente del antiguo Palau del Real. Ambos elementos se suman al comodato de las piezas de atrezo del Parsifal de Wagner, firmado el año pasado con el Palau de Les Arts, y a la reciente adquisición del Retrato del rey Martí l’Humà, de Pedro Arrúe, y del Cristo Eucarístico, de Nicolau Borràs, éste último en subasta gracias al derecho de tanteo ejercido por el Ministerio de Cultura en nombre de la administración municipal.

El pasado mes de noviembre, el gobierno municipal alcanzó un acuerdo con Presidencia de la Generalitat para la cesión gratuita de una réplica del medallón con el retrato en busto y de perfil del rey Alfons V d’Aragó para su exhibición en el futuro centro de interpretación, en la Casa del Rellotger. La obra, valorada en 6.600 euros, se integrará en la sala dedicada a la Historia del Santo Cáliz desde su salida del Monasterio de San Juan de la Peña hasta su ingreso en 1437 en la Catedral de València, bajo el reinado de Alfons el Magnànim. Hasta la apertura del citado espacio, el consistorio deberá custodiar la pieza, en debidas condiciones de conservación, en los depósitos municipales de Patrimonio Histórico.

“Desde el Ayuntamiento de València, queremos agradecer, una vez más, a la Generalitat su generosidad, su implicación y su apoyo constante a este destacado proyecto municipal”, ha declarado el concejal de Acción Cultural, Patrimonio y Recursos Culturales, José Luis Moreno. “La incorporación de la citada reproducción al futuro centro de interpretación permitirá, sin duda, a los visitantes descubrir uno de los períodos más fascinantes y trascendentales de la Historia de València, el Siglo de Oro valenciano, así como profundizar en la figura del rey Alfons el Magnànim y en su decisiva contribución en la llegada del Santo Cáliz a nuestra ciudad, junto con el resto del relicario real de la Corona de Aragón”.

Por su parte, el vicepresidente segundo y conseller de Presidencia, José Luis Díez, ha destacado “la máxima colaboración interinstitucional entre la Generalitat y el Ayuntamiento de València, en ésta y en otras muchas iniciativas. Un ejemplo del compromiso compartido por ambas administraciones con la protección, la difusión y con la puesta en valor de nuestro patrimonio histórico y cultural. La cesión de esta pieza contribuirá a enriquecer el discurso museográfico del futuro Centro de Interpretación del Santo Cáliz, un espacio destinado a recuperar y proyectar la identidad histórica de la ciudad de València”.

En concreto, el comodato tendrá una duración inicial de diez años, a contar desde el día de la entrega del elemento objeto de cesión, prorrogable por períodos de igual duración, siempre que la pieza prestada continúe expuesta en el futuro Centro de Interpretación del Santo Cáliz. Dichas prórrogas se producirán de forma automática, salvo denuncia expresa de las partes con al menos un mes de antelación. Serán de cuenta del Ayuntamiento de València todos los gastos que se deriven del presente acuerdo y, en particular, el embalaje, el transporte, el seguro y la conservación del referido elemento y se obliga a adoptar cuantas medidas resulten necesarias para que no sufra ningún tipo de desperfecto.

Exposición conmemorativa de la Generalitat

En el año 2018, Presidencia de la Generalitat encargó la realización, con motivo de la exposición itinerante “La memòria del Regne. 600 anys de la Generalitat Valenciana”, de una reproducción del retrato en busto y de perfil del rey Alfons V d’Aragó, cuyo original se conserva desde 1867 en el Museo Arqueológico Nacional (Madrid). La réplica estuvo expuesta en el Palacio del Marqués de Rafal, sede de la muestra en Orihuela, donde ha permanecido desde entonces, bajo custodia de Presidencia. Se trata de una copia escaneada reproducida por control numérico computerizado en materiales sintéticos, aumentada un 18% respecto a la obra original y completada con una guirnalda coetánea.

Facsímil del medallón y azulejo del Palacio del Real

La pieza muestra al rey Alfons el Magnànim vestido con armadura de guerra, milanesa, sin coraza, mirando a la derecha, en dirección a una corona real. A su espalda, se encuentra una de las divisas personales del monarca, el haz de mijo. En el borde superior, aparece la leyenda “Invictus Alphonsus Rex Trivmphator”, incisa con capitales de letra humanística y palabras separadas por signos de interpunción, siguiendo el modelo clásico de las inscripciones romanas. Realizada en bajorrelieve, la composición de sus elementos iconográficos y la inscripción recuerdan las medallas de bronce y plomo realizadas por Pisanello para el rey de Aragón durante su estancia en la corte napolitana en 1449.

Emblema personal del monarca

La segunda de las piezas anunciadas, un azulejo de tradición manisera del siti perillós, constituye uno de los motivos más singulares del programa emblemático promovido por Alfons el Magnànim. Éste aparece asociado a otros azulejos decorados con el haz de mijo y con el libro abierto, emblemas personales del monarca integrados en un discurso visual cuidadosamente articulado para exaltar su legitimidad dinástica, su constancia y su victoria en la conquista del Reino de Nápoles. Datada a mediados del siglo XV, la pieza fue recuperada en 2009 por el SIAM durante las excavaciones arqueológicas del Palau del Real de València y forma parte de los rellenos de amortización del edificio tras su destrucción.

La presencia documentada de estos azulejos, tanto en el Palau del Real de València como en el Castel Nuovo de Nápoles, confirma la dimensión propagandística de este programa. A dicha significación se une su vinculación con el Siege Perilous de la literatura artúrica, el asiento vacío de la Mesa Redonda reservado exclusivamente al caballero puro de corazón, destinado a alcanzar el Santo Grial y cuyo atrevimiento indebido podía acarrear la muerte (de ahí su representación como un trono envuelto en llamas). Esta referencia legendaria no sería casual, sino deliberadamente reinterpretada en clave política para transformar el riesgo espiritual del mito artúrico en una alegoría del ejercicio legítimo del poder real.

El rey Alfons el Magnànim y el Santo Cáliz

Tal y como se recoge en el proyecto museológico del futuro centro de interpretación, coordinado por el reconocido historiador Miguel Navarro Sorní, el Santo Cáliz, tras ser entregado en 1399 al rey Martí l’Humà, fue depositado en una capilla, posiblemente en la Aljafería de Zaragoza, donde permaneció hasta finales de 1408 o comienzos de 1409, cuando fue llevado al Palau Reial de Barcelona y quedó bajo la protección de una comunidad de monjes celestinos. El testamento del monarca, fechado en 1407 y ratificado al año siguiente, nombraba heredera a su esposa y disponía que el relicario se conservara en la Capilla de Santa Águeda que él mismo había mandado edificar en el citado palacio.

Sin embargo, el testamento no estaba firmado ni registrado en la corte, lo que planteó problemas sobre la propiedad de las reliquias a la muerte del rey, acaecida el 31 de mayo de 1410. La reina viuda, Margarida de Prades, que en 1412 se había llevado algunas de ellas, incluido el Santo Cáliz, tuvo que pleitear con la comunidad de celestinos que las custodiaban, con el capellán mayor y con Ferran d’Antequera, el nuevo monarca de la Corona de Aragón, llegando al acuerdo de devolver las reliquias a cambio de una compensación económica. Sin embargo, al fallecer éste en 1416, Margarida todavía seguía conservando numerosas reliquias, entre ellas el Santo Cáliz, que le acompañaban en todos sus viajes.

En noviembre de 1419, el rey Alfons V d’Aragón reconoció como válida la donación mortis causa realizada una década antes por Martí l’Humà a su esposa, lo que permitió al monarca aragonés ir comprando y recuperando las reliquias más significativas que conservaba Margarida de Prades. En 1422, la reliquia del Santo Cáliz ya estaba en poder de Alfons el Magnànim, regresó a la capilla real de Barcelona y permaneció en ella hasta que el 6 de abril de 1432 fue trasladada a València y depositada en el Palau del Real de nuestra ciudad.

La llegada del Santo Cáliz a València coincide con un período de prosperidad económica y de estabilidad social. La ciudad en la que el rey instala su corte en 1432 era un gran centro comercial y financiero, en cuyo puerto hacían escala los barcos que cubrían las rutas del Mediterráneo occidental y donde tenían abiertas representaciones numerosas compañías y sociedades de toda Europa. A ello se unía el florecimiento cultural del Cap i Casal, con figuras de la talla de Ausiàs March, Joanot Martorell, Jaume Roig y Sor Isabel de Villena en literatura, Francesc Baldomar, Pere Compte y Joan Ibarra en arquitectura, Jacomart y Reixach en pintura, o Bertomeu Martí, Joan Vallseguer y Lluís Alcanyís en medicina.

Ese mismo año, el Cabildo catedralicio prestó al rey una ingente suma de dinero para financiar sus campañas militares en Nápoles, que el monarca se comprometió a devolver en el plazo de cinco años. Pero como no pudo cumplir dicho acuerdo, el 18 de marzo de 1437 su hermano Joan d’Aragó, rey de Navarra y lugarteniente general del Regne de València, dejó en prenda sus más importantes reliquias en la Catedral de València. La deuda de la Corona no se canceló nunca y sus sucesores volvieron a utilizar las reliquias como garantía para nuevos préstamos. Es así como el Santo Cáliz y el resto del relicario real quedaron por la vía de hecho en la sacristía de la Catedral de València.